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miércoles, 11 de noviembre de 2009

La ley del más sanguinario

La crisis llega a Venezuela

La violencia de los paramilitares en la frontera de Colombia y Venezuela no se debe a motivos geopolíticos sino al contrabando de combustible.

fuente: el pais.com MAYE PRIMERA - San Antonio del Táchira - 11/11/2009

La guerra comenzó hace cinco años en el municipio de San Antonio del Táchira, el paso más transitado de la frontera común entre Venezuela y Colombia. Empezó con los cinco primeros muertos que cayeron tiroteados en la plaza Bolívar; con una banda de asesinos dispuesta a limpiar al pueblo del hampa común, y con una comunidad de comerciantes desesperados dispuestos a pagar la vacuna -cuota mensual de dinero- por la seguridad que no les brindaban ni la policía ni la Guardia Nacional venezolana.

Quienes entonces tiraban del gatillo para limpiar la ciudad de maleantes, drogadictos y prostitutas, cinco años más tarde manejan también el negocio del contrabando de combustible y alimentos, y el tráfico de drogas. Se atribuyen, además, el reciente homicidio de dos guardias nacionales, que ha crispado nuevamente las relaciones entre Venezuela y Colombia, rotas desde agosto pasado. Y los Gobiernos de Caracas y Bogotá, demasiado ocupados en sus diferencias políticas, parecen haber elegido batirse en duelo antes que coordinar una estrategia para combatir estas mafias que sostienen en las sombras la economía de la frontera común.

"Ni Álvaro Uribe ni Hugo Chávez saben cómo es el problema aquí. Ellos mismos han dejado avanzar a los paras y ahora quieren venir a meternos en una guerra", se queja Jairo, uno de los cientos de taxistas que cubren la ruta que comunica San Antonio del Táchira con la ciudad de Cúcuta, capital del departamento colombiano del Norte de Santander. Él también ha tenido que pagar vacuna a los paracos, nombre genérico que les otorgan los colombianos a los grupos que extorsionan e imponen su ley en la frontera. Porque todos están obligados a pagar, o condenados a morir.

Sólo el negocio de las vacunas genera millones. Cada comerciante de San Antonio del Táchira paga a los paras entre 40 y 400 euros al mes, al cambio oficial, por su seguridad. Los mototaxistas pagan entre 26 y 80 euros. Las compañías de taxi, más de 360 euros. Y los que infringen las reglas -no deambular por la calle después de las 22.00, no beber en exceso, no drogarse- también deben pagar multas de hasta 600 euros.

Los policías lo saben todo: conocen el monto de las multas, los lugares de reunión. Pero no actúan, dicen, porque nadie se atreve a denunciar la extorsión. Y sin denuncia, no hay delito. "Debo reconocer que al principio los paras hicieron su trabajo, limpiaron bastante. Hicieron lo que no podíamos hacer los policías. Pero ya se están pasando. Y en esto están metidos venezolanos y colombianos".

Lo confiesa un funcionario de la policía científica, la institución encargada de analizar los trozos de gente que de cuando en cuando aparecen en el río Táchira, que separa Colombia de Venezuela; los pedazos de "los que no hicieron caso" y fueron asesinados y cortados con una motosierra y sus miembros lanzados al agua. A otros los entierran. Hay al menos tres haciendas en la frontera, cuenta el policía, dedicadas a la siembra de fosas comunes desde que fueron arrebatadas por los paras a sus dueños legítimos.

Los taxis en San Antonio del Táchira son, a su vez, las mulas que sirven a los paramilitares para el contrabando del combustible que mueve al departamento del Norte de Santander. Es lo que explica que en este municipio de unos 50.000 habitantes, el Ayuntamiento tenga registrados más de 500 taxis: uno por cada 100 habitantes. Explica también que a pesar de los programas que promueve el Gobierno venezolano para la compra de coches nuevos a precios solidarios, los taxistas prefieran modelos de los años setenta: los Ford Fairlane, los Chevrolet Malibú, los Dodge Dart, los autos con el tanque de combustible más grande, que permiten pasar de contrabando hasta 80 litros de gasolina hacia Cúcuta en un solo viaje "sin mojarse los pies". Porque los contrabandistas también usan otras vías para cruzar el río hacia Colombia a pie o en bicicleta, "los caminos verdes" las llaman, pero ninguna es tan cómoda como cruzar el puente internacional: basta sobornar a los guardias nacionales con el equivalente a un euro por cada recipiente de 20 litros de combustible para que la frontera se abra.

Un litro de gasolina en Venezuela es 60 veces más barato que un litro de agua: cuesta 0,07 centavos de bolívar, unos dos céntimos de euro. Sólo con atravesar los 300 metros del puente internacional Simón Bolívar, que comunica a Venezuela con Colombia, el mismo litro de gasolina multiplica varias veces su valor original. Cuando arrecian los controles de la Guardia Nacional en la frontera, como ha ocurrido en las últimas tres semanas, la escasez del combustible de contrabando en Cúcuta hace que el precio se eleve al doble, y que los mafiosos disparen contra los guardias nacionales venezolanos.

"Hemos tomado la irrevocable decisión de atacar con violencia. Ya no vamos a joder solamente a los gusanos, ahora les tocó el turno a los malparidos guardias por no dejar trabajar, malparidos. Quien colabore le pasará lo mismo, esta organización lo ha decidido. (...) Muerte a los perros". Eso decía el panfleto que repartieron los paras por las calles el jueves 29 de octubre. La amenaza iba acompañada de una "invitación" para que los comerciantes no abrieran sus negocios al día siguiente en señal de protesta por los constantes cierres del paso hacia Colombia.

Todos acataron el mensaje: el viernes, San Antonio amaneció como si fuese domingo. Y el lunes 2 de noviembre, a las 15.30, los sargentos de la Guardia Nacional Gerardo Zambrano y Senir López fueron asesinados en la plaza de El Palotal -a dos kilómetros de San Antonio- por cuatro sicarios en motocicleta que les dispararon por la espalda. La versión del vicepresidente y ministro de la Defensa, Ramón Carrizález, es que este crimen fue el inicio de un plan conspirativo que se prepara contra Venezuela, vinculado con la "instalación" de "siete bases yanquis" en Colombia, y que el blanco de los disparos era, en realidad, el presidente Hugo Chávez.

Rubén escuchó a Chávez este domingo cuando llamó a sus generales y a su pueblo a prepararse para la guerra, como última medida para enfrentar la crisis con Bogotá. Rubén es colombiano, vivía del contrabando de gasolina en San Antonio del Táchira hasta hace una semana, cuando la guardia lo expulsó del país. Ahora vende agua fría en mitad del puente Simón Bolívar mientras espera que la situación se calme para volver a Venezuela. Es reservista, y él sí que está dispuesto empuñar el fusil para defender "la patria". ¿Cuál de las dos patrias? "Pues cualquiera de las dos, la que me dé de comer".

lunes, 9 de noviembre de 2009

Después del Muro de Berlín, la libertad de los pueblos

Así, se ha alejado el fantasma de una tercera guerra mundial, pero subsiste el riesgo de confrontaciones bélicas de otro tipo: las asimétricas o de cuarta generación, previstas a partir de la lucha contra el terrorismo internacional, cuyo pico fue el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York.

Fuente: El Comercio 09 de noviembre de 2009

Hoy el mundo conmemora la caída del Muro de Berlín, uno de los hitos más importantes en la historia del siglo XX, no solo por lo que significó en el pasado, sus causas y consecuencias, sino por las lecciones que ha dejado de cara al futuro de la humanidad.

En estos días en que la democracia liberal enfrenta momentos difíciles producto de los desbalances de la crisis económica, la caída de la cortina de hierro recuerda que la historia es cíclica, que los fenómenos sociales y políticos más relevantes son fruto de largos procesos y que el reto principal siempre será respetar la voluntad y los derechos de los individuos y de los pueblos.

El Muro de Berlín, símbolo de la arbitraria división del mundo en bandos ideológicos irreconciliables, representa los crímenes y la opresión del totalitarismo que conculcó frontalmente la dignidad y la libertad de miles de alemanes. Su derrumbamiento, fruto del colapso del sistema que representaba, puso de manifiesto la lucha por la libertad frente a una era oprobiosa impuesta por la dictadura hegemónica soviética que llegó al extremo de proclamar que aquellos países no alineados con ese sistema solo tenían derecho a una soberanía limitada.

La caída del muro abrió un camino nuevo que conduciría finalmente a la reunificación de las dos Alemania, la desaparición del Pacto de Varsovia, de la URSS, de todos los gobiernos que propugnaban el “socialismo realista” y de la Guerra Fría. Fue el punto de quiebre para eventos que instauraron la unipolaridad, la globalización, la mundialización y el liberalismo.

Sin embargo, como expresaron los embajadores de Alemania, Rusia, Estados Unidos y Polonia, así como destacados internacionalistas en la mesa redonda que organizó recientemente El Comercio, el nuevo orden no es perfecto, exhibe peligros y amenazas que deben enfrentarse para que la historia no se repita.

Un tema pendiente se relaciona con las ventajas y desventajas de un mundo que más que unipolar o multipolar, debe apuntar a la consolidación de un sistema basado en la resolución pacífica de las controversias, la convergencia en los intercambios interestatales, el reforzamiento de la democracia y la gobernabilidad, y la institucionalización de las relaciones internacionales.

En el siglo XX se avanzó en el desarme nuclear, en las alianzas militares, económicas y políticas, y se demostró que de todos los sistemas políticos el democrático es el menos imperfecto.

No obstante, así como durante la Guerra Fría se hablaba de países con soberanías limitadas, hoy se sostiene la vigencia de las llamadas guerras preventivas, cuya legitimidad está cuestionada. Así, se ha alejado el fantasma de una tercera guerra mundial, pero subsiste el riesgo de confrontaciones bélicas de otro tipo: las asimétricas o de cuarta generación, previstas a partir de la lucha contra el terrorismo internacional, cuyo pico fue el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York. Son las guerras que tienen por objetivo enfrentar a grupos inorgánicos, pero con una panoplia que antes solo estaba reservada para las potencias. ¡Qué decir de las armas nucleares y de destrucción masiva en Corea del Norte, Irán, entre otros gobiernos, que ponen en cuestión los tratados internacionales de no proliferación!

En lo económico, si bien después de la caída del muro el libre mercado se convirtió en el sistema universal, subyacen esquemas de un liberalismo extremo que se encuentran muy lejos de resolver problemas sociales acuciantes. Ni siquiera la Alemania unificada ha podido superar las inequidades que siguen separando al Este del Oeste. Se trata de una agenda pendiente mientras el protagonismo de China, como gigante asiático y motor de la economía mundial, crece frente al liderazgo de Estados Unidos.

En lo político, está el peligro de los fundamentalismos, los conflictos de raíces culturales y los nacionalismos que en América Latina son como una sombra que deambula en la región y que se autodenomina el nuevo socialismo del siglo XXI.